La heterogeneidad de la distribución del dominio patrimonial en el Tahuantinsuyo, el azar como fuente
de legitimidad dominical y su superposición en el régimen propietario civil peruano
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fieran las chacras de unos ayllus con tierras de otros, en un mismo microclima y sin
explicación alguna de la situación26”.
Complementariamente, Espinoza desarrolla también una interesante discrimi-
nación de los bienes: “1° de bienes inmuebles (tierra, casas, caminos, puentes, pozos,
árboles); 2° de objetos domésticos, como herramientas de trabajo y armas, que difieren
según el sexo y la edad y que, por lo común, son heredados de acuerdo a la consangui-
nidad; 3° de efectos almacenados y acorralados (alimentos, ganado) que, en el caso de
los pastores aymaras, chocorvos y chinchaycochas, constituían su más preciada rique-
za, cuyo valor incluso estaba determinado por el color de la pelambre; 4° derechos so-
bre el uso económico (usufructo de las heredades ocupadas por los ayllus); 5° derecho
de los poderosos sobre personas y servicios humanos (yanas, mitayos, piñas); y, 6° otras
modalidades de dominio, como derechos exclusivos sobre canciones, danzas, hechizos
y artesanías concretas27”
Tan alejado está el mundo inca de la percepción occidental de propiedad, que
traeremos a colación el azar como origen principal del reparto de la propiedad privada
entre los incas; como es evidente inmediatamente asalta la ficción borgesiana,“Babilonia
no es otra cosa que un infinito juego de azares28”. Iniciando por la trascendental conclu-
sión que establece Ziólkowski29, “es el Sol quien legaliza la actividad de su hijo, el Inca. La
guerra deja de ser una mera pelea entre vecinos (…) por los límites de las chacras o el ac-
ceso a los canales de riego y alcanza al nivel de una Guerra Santa, por orden divino como
lo expone Inka Yupanki en un discurso dirigido al enviado de los Chancas (…)30”. En este
orden de cosas, señala31 que precisamente es a partir del tiempo de la expansión imperial
de los Yupankis que “el dueño formal de todo lo conquistado era la divinidad solar (ins-
talada por Pachacuti), es decir Punchaw” y solamente a partir de esta fundamentación
es posible de acuerdo con el autor citado, la afirmación citada por Guillén32, “los incas
(26)
Cabe resaltar el escepticismo de del Busto “para nosotros la diarquía real o imperial es el
correinado, no la doble monarquía; la reciprocidad del Inca es la dadivosidad mayestática (a veces
retribuida), no el intercambio paralelo en igualdad de condiciones; y los pisos ecológicos son los sem-
bríos y trabajos escalonados y dispersos solo acordes parcialmente con el territorio aymara, acaso el
huanca y algunos más, pero no extendidos a todo el Tahuantinsuyo. DEL BUSTO DUTHURBURU, José
Antonio. Túpac Yupanqui El resplandeciente, El conquistador. Universidad de Piura. 2017. pp. 06.
(27)
ESPINOZA SORIANO, Waldemar et altri. Economía política y doméstica en el Tahuantinsuyo.
En Compendio de historia económica del Perú, Tomo I: Economía Prehispánica. BCRP-IEP. 2010. Lima.
pp. 317.
(28)
(29)
(30)
BORGES ACEVEDO, Jorge Luis. Obras completas. Emecé. Buenos Aires. 1980. pp. 456.
ZIÓLKOWSKI, Marius. La guerra de los Wawqi. Op. Cit. pp. 255.
“Decid a Astoyguaranca, vuestro cinche, que Ynga Yupangui es hijo del sol y guarda del Cuz-
co, ciudad del Ticci Viracocha Pachayachachi, por cuyo mandado yo estoy aquí guardándola. Porque
esta ciudad no es mía, sino suya, y que si él quisiera darle obediencia al Ticci Viracocha y a mí en su
nombre que le recibiré honrosamente”. Sarmiento de Gamboa, Pedro. En: Historia Indica, Obras del
Inca Garcilaso de la Vega, Vol. IV, BAE, t. 135. Madrid. pp. 159. En: Ziólkowski, Marius. La guerra de los
Wawqis. Op. Cit.
(31)
(32)
ZIÓLKOWSKI, Marius. La guerra de los Wawqis. Op. Cit.
GUILLEN GUILLEN, Edmundo. Tres documentos históricos para la guerra de reconquista
inca. En BIFEA vol. VIII no. 1 – 2 Lima pp. 43. En: La guerra de los Wawqis. Op. Cit.
REVISTA DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
AÑO LXXVI – Nº 14
ISSN 2519-7592